Hace 20 años apostamos por una agricultura respetuosa con el medio ambiente  y sostenible.

 

Tenemos la firme convicción de que el cultivo del campo no puede ir contra el medio, sino apoyarse en él. Debemos gestionar lo que la naturaleza  nos da, trabajando junto a ella, observando y en definitiva, aprendiendo.

 

No nos consideramos los propietarios de unas hectáreas de terreno, sino sus administradores, con muchas responsabilidades y obligaciones. Consideramos primordial respetar el medio que nos rodea y del que nos mantenemos. Con nuestras prácticas y trabajo en consonancia con el de la naturaleza lo que conseguimos es producir alimentos, tanto para consumo humano como animal, que  en última instancia mejora el rendimiento, la calidad y sobre todo la biodiversidad.

 

Tenemos muy claro que el suelo es un elemento vivo, en constante evolución, un patrimonio invisible muy dinámico que sentimos la necesidad de mimar, de conservar y mejorar.

 

Cuando otros usan herbicidas, insecticidas y fertilizantes químicos para obtener mayores rendimientos lo que hacen, desde nuestro punto de vista, es romper la armonía natural produciendo  serios  desajustes. Con el único objetivo de aumentar la productividad, con un sobrecoste económico y poco rentable a nuestro entender, eliminan sus “malas” hierbas, utilizan insecticidas ante una posible plaga que agravan los desequilibrios, y con el empleo de  fertilizantes de síntesis además aportan a la tierra productos poco respetuosos y eficientes.

 

Con ese modelo de desarrollo rural, abocado al monocultivo, lo que en verdad se hace es reducir la biodiversidad, gestionar un desarrollo agronómico poco sostenible, muy dependiente de insumos  y de espaldas, cuando no enfrentados, a la naturaleza.

 

Estableciendo una rotación de cultivos adecuada  tal y como demuestra el investigador Lacasta y que venimos empleando desde el inicio en nuestras parcela, incorporando leguminosas, crucíferas, y cereales de diversas variedades y tipos, evitamos el uso de herbicidas, mejoramos el suelo, su capacidad  almacenaje de agua y nutrientes, aumenta el nivel de materia orgánica y por tanto mejora el número de especies y sus diversidad, que reducen sensiblemente el riego de parásitos y enfermedades.

 

 

La Corraliza de Don Pablo es solo una pieza más en este nuevo modelo de desarrollo rural que pretende hacer del campo una fuente de riqueza verde.